barbero_425x480_T75
ÓPERA / G. Rossini

Il barbiere di Siviglia

«COMER, AMAR, CANTAR … LA VIDA SEGÚN ROSSINI»

 

Una de las óperas más célebres de Rossini, Il barbiere di Siviglia, despliega una comedia llena de ritmo e ingenio, donde el astuto Fígaro organiza mil enredos para ayudar al Conde Almaviva a conquistar a Rosina. Una ópera fresca, donde el humor y la astucia triunfan.

 

Andrzej Filończyk aborda el personaje principal, junto a Leonor Bonilla, Santiago Ballerini, Bruno de Simone  y Giorgio Caoduro. Brillante y llena de energía, esta ópera convierte cada escena en un juego teatral irresistible.

 

Pedro Bartolomé, director musical y artístico de la Joven Orquesta Sinfónica de Burgos, se pone al frente de la BOS, para dirigir esta ópera que avanza al ritmo de una música vibrante y pegadiza.

 

Debuta en ABAO Vincent Dujardin con una producción para la Ópera royal Wallonie-Liége que traslada la acción a la Sevilla de los años 50. La escenografía estructura una plaza rodeada de edificios que se despliegan escena a escena desvelando desde el vestíbulo a la sala de música.

Equipo artístico

Dirección musical
Dirección de escena
Escenografía y vetuario
Iluminación
Director de coro

Reparto

Rossina
Il Conte d'Almaviva
Don Bartolo
Don Basilio
un oficial

COB

Acto I

La escena se desarrolla en Sevilla. Un grupo de músicos se reúne bajo las ventanas de una casa justo antes del amanecer. El conde Almaviva canta una serenata a Rosina, a quien ha conocido recientemente en Madrid, con la esperanza de conquistar su corazón. Pero, a pesar de su elocuencia, no obtiene respuesta y, al amanecer, el conde intuye que lo mejor que puede hacer es marcharse. Los músicos agradecen ruidosamente al conde su generosidad y se van también, dejándolo solo con su leal criado Fiorello.

Almaviva sigue esperando ver a Rosina cuando el sonido de un alegre tarareo le advierte de que se acerca un extraño. Siempre cauteloso, se esconde y poco después descubre que se trata de su viejo amigo Figaro, un barbero que lleva tiempo viviendo en Sevilla. Tras escuchar los planes del conde, Figaro accede a ayudarle, como ya ha hecho en muchas ocasiones; por suerte, el barbero conoce bien a Rosina, ya que actúa como factótum general en su casa. Se abre la puerta y sale el tutor de Rosina, el anciano doctor Bartolo, que confía en poder casarse con su pupila. Bartolo cierra con firmeza la puerta tras de sí y murmura unas palabras, lo que hace sospechar al conde que la pasión por Rosina late en el corazón del anciano.

Figaro se hace cargo de la situación y pide al conde que revele su nombre y declare su amor en otra serenata. Esta vez tiene más éxito, ya que Rosina insinúa que sus atenciones no son mal recibidas. Figaro y el conde llegan rápidamente a un acuerdo; el primero se mueve por la pasión y el segundo por la perspectiva de obtener beneficios económicos, y la riqueza de Almaviva lleva a Figaro a idear un plan particularmente ingenioso y bien pensado. Esa tarde debe llegar un regimiento del ejército y, haciéndose pasar por un soldado que ha sido alojado en la casa de Rosina, Almaviva podrá reunirse con su amada. Rosina se prepara para ponerse en contacto con su admirador secreto. Ya le ha escrito una nota y ahora se pregunta cómo asegurarse de que la reciba. Figaro entra en la habitación y no pierde tiempo en decirle a Rosina que su “primo Lindoro” (en realidad, Almaviva) está profundamente enamorado de ella. Deja de hablar cuando el eternamente desconfiado Bartolo entra para comprobar que la casa está a salvo de intrusos. Don Basilio, un invitado habitual, maestro de música, incorregible estafador y amigo de Bartolo, anuncia que el conde Almaviva está en la ciudad y que hay que quitarlo de en medio, aunque sea necesario recurrir a un método tan ruin como la calumnia.

Figaro y Rosina han escuchado toda la conversación. Discuten los preparativos para la reunión con “Lindoro”, a quien el barbero dice que pronto intentará introducir a escondidas en la casa; todo lo que necesita es una nota (que, por supuesto, Rosina ya ha escrito) para infundirle ánimo. Unos minutos más tarde, al darse cuenta de que Bartolo, cada vez más celoso, ha regresado, Figaro se marcha. Se oye un estruendoso golpe en la puerta y Almaviva, disfrazado de soldado borracho, entra y exige alojamiento. Bartolo suplica que se le exima del alojamiento y se desata el caos. “Lindoro” aprovecha la situación para pasarle una nota a Rosina, pero la descubre su tutor, que protesta vehementemente. Se produce entonces un gran alboroto que sólo consigue detener la llegada de la policía. Sin embargo, para sorpresa de todos, el policía no sólo no arresta al soldado, sino que incluso le saluda con toda normalidad.

 

Acto II

Deseoso de saber más sobre el soldado, Bartolo ha visitado el cuartel general del regimiento, donde no se encuentra rastro alguno de él. Almaviva aparece en la puerta, disfrazado ahora de clérigo. Fingiendo ser Don Alonso, un alumno de Basilio, dice que será él quien imparta hoy a Rosina su clase habitual de canto porque Basilio se encuentra enfermo. Para disipar las sospechas de Bartolo, le muestra la nota de Rosina, que aparentemente ha caído en sus manos por pura casualidad. Su razón para hacerlo –dice– es persuadir a Rosina de que su amado es infiel. La clase comienza y, con la ayuda de Figaro (que tiene una cita para afeitar a Bartolo y que consigue hacerse con la llave de la habitación de Rosina), la joven pareja puede hablar por fin libremente.

Todo parece ir bien cuando, para sorpresa de Bartolo y enfado de Figaro, aparece Basilio. Sin embargo, tras sobornar a Basilio con una bolsa llena de dinero, el conde inventa una historia plausible y consigue convencer a Bartolo de que la presencia de Basilio podría poner en peligro sus posibilidades de que Rosina dé realmente crédito a la supuesta infidelidad de su pretendiente. Algo desconcertado, el maestro de música se marcha, pero los amantes siguen sin poder disfrutar de un momento de tranquilidad. Apenas han tenido tiempo de hacer planes cuando un desliz verbal provoca que Bartolo se dé cuenta de que Don Alonso y el soldado de esa mañana, a quien cree amigo de su rival, son la misma persona. Una vez más, Almaviva no tiene más remedio que huir.

Ha caído la noche y se desata en Sevilla una gran tormenta. Figaro y el conde desafían el mal tiempo y llegan puntuales a su cita, aunque se encuentran a una furiosa Rosina esperándolos. Según su tutor, “Lindoro” planea secuestrarla y entregarla al conde Almaviva. Rosina, que nunca había sospechado de la doble identidad de “Lindoro”, está indignada, pero el malentendido se aclara rápidamente y los dos amantes, aprovechando la presencia de Basilio y de un notario (a quien había convocado Bartolo, ansioso por casar a su pupila lo antes posible), redactan su contrato matrimonial. En ese momento, entra Bartolo con unos policías. Una vez que se descubren los hechos reales, el anciano no tiene más remedio que aceptar que ha sido derrotado por su rival, que no es otra persona que el conde Almaviva.

Luis Gago

Escritor, editor y crítico de música de El País. Codirector del Festival de Música de Cámara de la Beethoven-Haus de Bonn. Prepara habitualmente los subtítulos en castellano para la Royal Opera House, la English National Opera y el Digital Concert Hall de la Orquesta Filarmónica de Berlín.

 

Audio

Dunque io son... tu non m'inganni

14/05/2016

Largo al factótum

14/05/2016

Una voce poco fa

14/05/2016

A un dottor della mia sorte

14/05/2016

Ah il piu lieto il piu felice

14/05/2016

Mi-par-desser-con-la-testa

14/05/2016

Patrocinado por:

logo-kutxabank

Ubicación

Euskalduna Bilbao

Duración

3 h. aprox. (1 descanso)

noviembre 2026

       
       
       
       
ABAO-OLBE
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.