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Vous êtes ici : > Opéra > Don Pasquale

Don Pasquale

Gaetano Donizetti

Représentations

Samedi 18 Novembre 2017 19:30h
Mardi 21 Novembre 2017 19:30h
Vendredi     24 Novembre 2017    19:30h
Lundi 27 Novembre 2017 19:30h

Parrainé par

FICHE

  En raison de la grève organisée par l\'Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, les fonctions seront jouées au piano.  
       
  Don Pasquale Carlos Chausson (jours 21, 24, 27)
Paolo Bordogna (jour 18)
 
  Norina Jessica Pratt  
  Ernesto Santiago Ballerini*  
  Dottor Malatesta Javier Franco  
       
  Euskadiko Orkestra Sinfonikoa    
  James Vaughan (jours 18,24,27) / Diego Mingolla (jour 21) piano  
  Coro de Ópera de Bilbao Dir.: Boris Dujin  
       
  Directeur musical Roberto Abbado*  
  Directeur de scène Jonathan Miller  
  Scénographe Isabella Bywater*  
  Éclairage Jvan Morandi*  
  Costumes Isabella Bywater*  
  Directeur associé Dan Dooner*  
  Production Maggio Musicale Fiorentino  
       
  *Débute à l'ABAO-OLBE    



AUDIO

Aspetta, aspetta, cara sposina. C. Chausson, M. Lanza
Quel guardo il cabaliero... Sumi Jo

DOCUMENTS

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Affiche de Théâtre
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Scena (espagnol)
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Phonographie
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Livret
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James Vaughan biographie
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Paolo Bordogna biographie
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Mingolla biographie

Circulaires

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Ópera cómica en tres actos (5 cuadros). Música de Gaetano Donizetti.

Personajes: Don Pasquale, un viaje solterón(bajo); El Doctor Malatesta (barítono); Ernesto, sobrino de Don Pasquale (tenor); Norina, una joven viuda (soprano); Un notario (bajo); La servidumbre de Pasquale.

Lugar: Roma. Época:1750.

 

 

ACTO I

En la habitación de Don Pasquale, solterón apergaminado, pasan cosas curiosas: Hay que saber que Pasquale tiene tres enemigos declarados: la gota, que lo veja perniciosamente; un médico, que lo conoce y se propone curar no solamente sus diversas dolencias sino también sus locuras, y un joven sobrino, a quien quiere casar con una mujer rica, pero fea, mientras que éste, por su parte, está enamorado de una viuda joven y hermosa, pero no muy rica, enfureciendo a su anciano tío artrítico, con esta pasión. Cuando Ernesto, el más malo de todos los sobrinos, expresa rotundamente a su tío que no siente ninguna inclinación a bailar según el compás que él dicte, Don Pasquale se exaspera hasta tal grado que resuelve casarse, por su parte, para castigar a su sobrino, a quien, desde luego, desheredará ‹‹Procúreme una esposa, e inmediatamente››, le dice al Doctor Malatesta, y éste se imagina y pone en práctica un ingenioso plan: Pondera ante el anciano a su hermana ‹‹Sofronia››, que, según él, es educada en un convento, un dechado de virtudes, hermosura, inocencia e ingenuidad –sobre todo gran ingenuidad-, y conviene con Ernesto, su íntimo amigo, en que presentará al anciano, adornada con estas condiciones, precisamente a la viudita alegre con la cual Ernesto quiere casarse.

En la casa de Norina, el Doctor Malatesta formula su ruego ante la joven y coqueta novia de Ernesto; Ella deberá curar al anciano para siempre de sus ganas de casarse, mediante un programa prudentemente dosificado de virtud inicial y de travesura e infidelidad acrecentadas. Será presentada a Don Pasquale con el nombre de ‹‹Sofronia››, como la hermana del doctor que acaba de salir del convento; Norina encuentra el plan divertido y consiente.

 

 

ACTO II

Dicho y hecho. El Doctor Malatesta conduce a Norina a la casa de Don Pasquale. El anciano se enamora visiblemente de ‹‹Sofronia››, aquel ejemplo de todas las virtudes femeninas y virginales: Baja la mirada, camina a pasitos muy decentemente, siente una aversión invencible por los bailes, teatros y diversiones de toda índole. ¿Qué anciano goloso de sesenta años sería capaz de resistir a un anzuelo preparado con tanto refinamiento y buen gusto? Ernesto ya se cree traicionado en realidad, pero Norina y el doctor le tranquilizan. La comedia debe representarse hasta el final: que el contrato matrimonial se firme efectivamente. Pasquale ha llegado al colmo de su felicidad… la cual pronto se ha de desvanecer. Pues, ¿quién se hubiera imaginado? En seguida de celebrado el contrato, la niña inocente se quita la máscara. Cambia de andar, de gestos, de lenguaje, de todo; su dicción es corta e imperiosa . ‹‹Dice yo quiero››, y lo que quiere, es siempre precisamente lo contrario de lo que desea su consternado esposo. La niña pudorosa y modesta se ha convertido en una avisada mujer caprichosa, que echa la casa por la ventana, que se burla del amor de Don Pasquale, le atormenta a causa de las miradas cariñosas y cambiadas con Ernesto y en breve lo hace llegar a un estado de furia y desesperación tan atormentador que hasta el Doctor Malatesta siente finalmente compasión por su paciente, a cuya curación aplica remedios tan caros y conmovido le dirige palabras consoladoras.

 

 

ACTO III

Muchas cosas han cambiado en la casa de Don Pasquale. Debió adquirirse un nuevo mobiliario, la servidumbre debió ser aumentada, nuevos lacayos, cazadores y cocineros fueron contratados. Y cuando Don Pasquale solicita infructuosamente un beso, un rato dedicado al amor, una palabra cordial, la honesta esposa no vacila en indicar todo eso liberalmente a Ernesto y a otros galanteadores. La situación llega al colmo cuando su viejo señor marido encuentra una carta, la que Norina ha dejado caer intencionadamente para él: una invitación para una cita amorosa en el jardín. Sumamente indignado, Don Pasquale informa al Doctor Malatesta, quien interviene también en este último acto de la comedia: acechará a la pareja con su amigo en el jardín para dar una lección a su señora ‹‹hermana›› y a su señor galán.

 

En el jardín, se encuentran Norina y Ernesto, que entona una apasionada serenata de amor. También Don Pasquale y el Doctor Malatesta están presentes, de acuerdo con lo convenido. Pasquale quiere encerrar a ‹‹Sofronia›› en un convento y castigar severamente a su sobrino, el ‹‹trovador››. Pero está tan harto de casamiento y matrimonio que se da por complacido cuando se le revela el verdadero estado de cosas y cuando pueda echar a su fingida esposa sobre las espaldas de su despreocupado sobrino. Así el doctor está satisfecho por el resultado de su tratamiento heroico; la joven pareja es feliz, y Don Pasquale podrá hacer, por fin, una vida tranquila, tal como el médico se lo había recomendado.