IL CORSARO
Localización: en isla de los corsarios en el mar Egeo, a comienzos del siglo XIX.
ACTO I
Escena I: Los corsarios cantan orgullosos su libertad. Corrado exalta su valentía y expresa la enemistad que todos experimentan hacia la sociedad, señalando la inocencia perdida y el deseo de venganza como causa de su forma de vida. Giovanni le lleva una carta de un explorador griego, y tras leerla, Corrado declara que parten a combatir a los musulmanes. Un coro de piratas se entusiasma por esta llamada a las armas.
Escena II: Medora manifiesta su tristeza por la ausencia de Corrado y sus malos presagios. Corrado, que la escuchaba sin ella saberlo, la reconforta pero le comunica también que pronto debe partir. Ella expresa sus temores y le pide que permanezca a su lado, pero él se marcha al sonido de dos cañonazos que dan la señal de la partida. Medora cae desmayada por el dolor.
ACTO II
Escena I: Las odaliscas del harén de Seid alaban a Gulnara, pero ella responde expresando su odio hacia el pachá a pesar de sus halagos y regalos. Un eunuco la convoca para que festeje el próximo triunfo del musulmán, y ella obedece resignada, con la secreta esperanza de que el cielo escuche sus súplicas. Las odaliscas ensalzan a coro el deseo del pachá hacia ella.
Escena II: En su campamento, los soldados de Seid cantan prometiéndose el triunfo contra los corsarios. El pachá, acompañado por Selim, les arenga y ellos responden enardecidos. Un esclavo anuncia la llegada de un derviche, que en realidad es Corrado disfrazado. Seid le interroga, y el falso derviche explica que fue capturado cuando viajaba en una nave musulmana, y que ha escapado hace tres días. Pide protección al pachá y excita su ardor guerrero confirmándole que sus captores desafían su poder.
Una súbita luz revela que los barcos musulmanes se han incendiado. El fuego se extiende hasta el campamento. Corrado reconoce para sí la intervención de sus piratas, mientras los turcos se disponen a defenderse valientemente, y Seid jura vengarse del traidor que haya revelado su posición. Corrado se quita su disfraz de derviche, dejando ver su traje y casco de guerrero, y lidera a sus piratas, que ponen en fuga a los turcos.
Gulnara y las odaliscas del harén son capturadas por los corsarios, que les prometen respetarlas, mientras los turcos piden ayuda a Dios desde la lejanía. Finalmente, logran vencer a los piratas y Corrado es capturado. Seid impide que los turcos le maten en el momento, y admira su treta. Ambos se enfrentan mientras Gulnara siente nacer un amor admirado por el valiente pirata que no teme ni la muerte ni la tortura. El pirata Giovanni reflexiona sobre la poca utilidad de la audacia cuando la Fortuna abandona al hombre, y las odaliscas cantan un coro de compasión por el valiente derrotado. Los turcos, exaltados, se prometen la libertad de navegación en un mar libre de piratas.
Seid y Corrado intensifican entonces su enfrentamiento, amenazando el primero al segundo con la muerte y la tortura, y respondiendo éste con una promesa de venganza. Gulnara y las odaliscas piden clemencia al pachá alegando la contención de Corrado cuando las capturó, pero Seid se muestra impertérrito. Al final, todos expresan sus sentimientos encontrados.
ACTO III
Escena I: En los aposentos de Seid, el caudillo turco se vanagloria de su triunfo, pero poco a poco se extraña por la inclinación de Gulnara hacia Corrado. Decidido a imponer su voluntad, ordena a Selim que la traiga y que al día siguiente al atardecer ejecute a Corrado. Cuando llega Gulnara, le comunica esta decisión, y ella le pide clemencia con el subterfugio de hacerle pensar en el elevado rescate que podría lograr. Ante esta insistencia, Seid comprende que Gulnara se ha dejado conquistar, y decide castigarla.
Escena II: Corrado, encadenado, se pasea por su celda expresando sus sentimientos atroces al verse derrotado y recordar el sufrimiento que su muerte causará a Medora. Agotado, se duerme sobre un camastro, mientras entra Gulnara. El pirata despierta, y ella le propone escapar juntos, pues también es, a su manera, una prisionera del pachá. Corrado se resiste por su honor, y pide a Gulnara que consuele a su amada Medora cuando sea ejecutado. Gulnara le explica que ha sobornado a los guardianes y se siente desairada cuando Corrado no da importancia al riesgo que ha corrido por él. Corrado insiste en aceptar orgullosamente su destino de proscrito y ella se marcha para matar despechada a Seid, mientras resuenan los truenos de una tempestad. A su vuelta, Corrado la rechaza una vez más, ahora por asesina.
Escena III: En la playa cercana al refugio de los piratas, Medora deduce del silencio de los piratas que Corrado ha muerto, mientras sus doncellas la reconfortan. Regresa Corrado con Gulnara, y explica cómo ella le ha salvado la vida. Gulnara informa de que no fue el valor sino el amor lo que la guió en su valerosa acción y, al escucharlo, Medora desfallece, agonizando hasta morir en los brazos de su amado. Este, desesperado, se tira al mar mientras Gulnara cae por tierra.