| El 16 de Octubre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 19 de Octubre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 22 de Octubre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 25 de Octubre de 2010 a las 20:00 | ||||
|
||||
SUSANNAH
Localización: Valle de Nueva Esperanza en las montañas de Tennessee, una semana de julio en los años 50
ACTO I
Se esta celebrando un baile y Susannah Polk, una joven de la localidad, se divierte bailando, mientras
Las esposas de los Ancianos comentan que no conocen al nuevo predicador que está por llegar. Observan cómo sus maridos intentan entrar en el círculo del baile que incluye a Susannah, y lamentan la orfandad de Susannah, pero la señora McLean opina que es una desvergonzada. Llega el esperado predicador Blitch, y es recibido con todos los honores. Susannah llama su atención, entra en el baile, y logra acercarse a ella. La señora McLean presagia que todo terminará mal.
Susannah habla con el joven McLean, que le dice que ella ha llamado la atención de todos los hombres, especialmente del predicador. Pero Susannah no lo cree y dice que Blitch no sabe bailar. Aparece Sam y Susannah, después de marcharse el joven McLean, le cuenta lo sucedido. Sam le pregunta por sus pretendientes, pero ella dice que prefiere seguir viviendo con él, y le pide que le cante la canción que su padre solía cantar antes de dormir. Cantan y bailan juntos, y admiran la belleza de la noche.
Al día siguiente, por la mañana, los ancianos (Hayes, Ott, Gleaton y McLean) buscan un riachuelo para los bautismos que el predicador hará durante la oración. En ese momento ven a Susannah que se baña desnuda en el arroyo donde lo hace habitualmente. Después de quedarse fascinados por lo que ven se escandalizan, le echan la culpa de su concupiscencia y deciden contárselo al predicador.
Esa noche, en el transcurso de una cena parroquial las esposas de los Ancianos, basándose en lo que sus maridos les han contado, están más de acuerdo con los prejuicios de la señora McLean. Sospechando que algo no va bien llega Susannah y se ofrece a colaborar en la cena con un guiso. Cuando le responden que no es bienvenida e incluso el Anciano Mc Lean la acusa de haber seducido a su hijo, se marcha avergonzada y confusa.
De vuelta a casa, se encuentra con Little Bat. Le pregunta qué ha hecho para que la gente la rechace, y él le cuenta todo. Ella se defiende diciendo que siempre se había bañado allí, no entiende qué hay de malo en ello, pero el chico continúa contándole que le llaman "mujer perdida", que su madre le obligó a decir que él también había sido seducido por ella. Indignada por su mentira, Susannah le echa y le pide que no vuelva nunca.
Cuando Sam vuelve a casa, ha oído ya los rumores, lamenta la mezquindad de la naturaleza humana y explica a Susannah que la gente prefiere creer lo peor, y que sólo queda dejar pasar el tiempo. Sólo ahora Susannah entiende la situación. Pide a Sam que le cante una vez más la canción de su padre.
ACTO II
Susannah espera los acontecimientos con ansiedad. Sam sabe que la gente quiere una confesión pública, pero ella no piensa mentir sólo para contentarles. Aún así, llega a dudar de sí misma. Habla sobre la gentileza con que Blitch le habló en la tienda de la aldea, invitándola a la oración. Sam le aconseja e insiste para que vaya a la iglesia, pues él tiene que marcharse hasta la tarde del día siguiente. Ella cede.
Mientras la congregación canta, los Ancianos piden dinero y Blitch bendice las ofrendas. Luego predica e invita a los pecadores a presentarse en el altar, imponiendo sus manos a varios jóvenes que se acercan. El coro y el predicador insisten, y Blitch dirige sus palabras directamente a Susannah. Al final consigue que ella, hipnotizada por su mirada, avance también hacia el altar. Pero al ver la expresión de la cara de Blitch, despierta de su letargo y huye.
Susannah, sola y triste, canta una canción que le enseñó su madre. El predicador aparece e intenta hablar con ella. La acusa de obstinarse en sus pecados. Susannah se defiende acusando a la comunidad por su injusta exclusión y termina llorando. Blitch, se encuentra atrapado en una lucha interna entre sus convicciones religiosas y la atracción que siente por la muchacha. Le habla de su soledad y de la necesidad de estar con una mujer. Al darse cuenta de que su hermano está ausente, Blitch le ordena entrar en la casa. Ella, cansada de luchar, permite que abuse de ella. Entonces Blitch se da cuenta que la muchacha era virgen.
El predicador, de rodillas, acusa a Dios de haberle dejado solo y expresa su miedo al infierno. Entran los Ancianos y sus esposas, y también Susannah. El predicador intenta convencer a los asistentes de que han tratado injustamente a la joven, pero el matrimonio McLean no lo acepta. Los Ancianos se preguntan qué le ha hecho cambiar de opinión tan radicalmente y no le creen. Se van para esperarle en el bautismo. Sola con él en iglesia, Susannah ríe amargamente. Cuando Blitch le pide perdón, dice que ha olvidado lo que significaba esa palabra. Blitch se compromete a enderezar lo torcido, pero ella le pregunta cómo y se aparta. Blitch repite una vez más las palabras de Cristo en la cruz.
Llega Sam y Susannah le cuenta que se ha dejado hacer porque estaba cansada de todo. Sam coge su fusil y desaparece en el bosque. Susannah se teme lo peor. Al oírse un disparo de fusil, cae de rodillas y vuelve a culparse a sí misma. El joven McLean avisa a Susannah de que Sam ha matado al predicador. Llegan todos y la acusan. Ella les dice que se marchen de su finca, entra en la casa y vuelve con un fusil. El gentío retrocede y desaparece. Susannah nota que ha vuelto el joven McLean y le pide seductoramente que se acerque. Él lo hace, pero recibe un golpe en la cara. El enamorado escapa, y la amada queda atrás, sola.