| El 18 de Septiembre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 21 de Septiembre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 24 de Septiembre de 2010 a las 20:00 | ||||
| El 27 de Septiembre de 2010 a las 20:00 | ||||
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Don Carlo
ACTO I
Parte I: En el claustro del Monasterio de Yuste
Al amanecer, un monje reza junto a la tumba de Carlos V. En la iglesia, los monjes entonan salmos y plegarias dedicadas a la salvación del alma del difunto emperador, mientras el monje en el claustro comenta sus debilidades humanas. Aparece Don Carlo, que lamenta el hecho de que su padre haya esposado a la mujer que había conocido en Francia y que le fue prometida. El monje dice al respecto que las luchas terrestres sólo se terminan en el más allá. Horrorizado, el infante cree haber visto el espectro de su abuelo. Llega Posa para decirle que el pueblo flamenco le aclama como su salvador. Se da cuenta de la perturbación de Don Carlo, que confiesa su amor por Elisabetta, ahora convertida en su madre. Posa le sugiere salir para Flandes y liderar la rebelión. Pasan por el claustro rey y reina.
Parte II: En el jardin ante la puerta del claustro
Las damas de honor se divierten escuchando una alegre canción de la princesa de Eboli. Al aparecer la reina, Eboli se da cuenta de su aflicción. Llega Posa acompañado por Tebaldo, y entrega a la reina una carta de su madre junto con una nota secreta de Don Carlo. Mientras Elisabetta lee furtivamente la nota, Posa debate con Eboli. Por su parte, Eboli se pregunta si Don Carlo podría haberse enamorado de ella. Al final, Posa consigue de la reina una entrevista para Don Carlo. Cuando éste aparece, los demás asistentes se alejan poco a poco, dejándole a solas con ella. Don Carlo le pide que interceda para que pueda irse a Flandes, pero encaja mal la despedida y se queja. Elisabetta, preocupada, guarda su honor, planteándole un conflicto edípico. Se presenta el rey, y al encontrar a la reina sin acompañante, despide airadamente a la condesa de Aremberg. La reina intenta consolar a esta amiga de su infancia. Posa, una vez a solas con el rey, pide clemencia para Flandes, pero Filippo defiende su sanguinaria opresión. Después, el rey le abre su corazón acerca de sus sospechas y le ordena vigilar a la reina y el infante.
ACTO II
Parte I: En Madrid, en los jardines de la reina, en una noche clara
Don Carlo espera la llegada de Elisabetta, que le había convocado mediante una nota. Aparece una mujer velada y se lanza a alabarla y al acercarse se da cuenta de que es Eboli, que esperaba el amor de Carlos. Ella deduce de su reacción adversa que sus loas iban dirigidas a la reina. Aparece Posa, que intenta convencer a Eboli de que las palabras de Carlo son señal de su locura, pero Eboli confiesa que se siente herida y está dispuesta a vengarse de la reina y el infante. Posa desiste de apuñalarla, y Carlo confía sus documentos secretos a su protector.
Parte II: En la plaza delante de la iglesia de Nuestra Señora de Atocha
El pueblo y los dominicos se alegran por el auto de fe. Todos reunidos ante las puertas de la iglesia, reclaman la presencia del rey. Filippo sale de la iglesia vestido con todos los signos de su condición real. Don Carlo conduce a unos diputados flamencos ante el rey, pero Filippo rechaza su petición de clemencia. Carlo le pide al rey poder reinar ya sobre Flandes, y Filippo le contesta con una amenaza de muerte. Carlo desenvaina su espada, pero nadie está dispuesto a desarmarle. Sólo cuando Filippo se enfrenta a su hijo con una espada en la mano, Posa desarma al infante. El pueblo y los frailes retoman sus cantos de alegría mientras se ven las llamas de la hoguera.
ACTO III
Parte I: En el gabinete real, al amanecer.
Filippo debate consigo. Reconoce que Elisabetta nunca le ha amado. Se presenta el nonagenario y ciego gran inquisidor, cuya presencia ha solicitado el rey para aconsejarle sobre cómo tratar con el infante. Quiere imponerle la pena más dura, pero duda de si contará con el beneplácito de la Inquisición, si puede mandar a la muerte a su propio hijo y si puede acallar la voz de la naturaleza. El Inquisidor le concede todas las autorizaciones divinas, pero le exige a cambio la cabeza de Posa. Entra Elisabetta para denunciar el robo de un cofrecito con joyas. Lo tiene el rey, y lo abre. Exige explicaciones a la reina sobre la presencia en él de un retrato del infante, y termina acusándola de adulterio. Eboli se da cuenta de las consecuencias de su denuncia para la reina y el infante; Filippo se convence de que su reina le ha sido fiel; Posa ve que el rey se encuentra en un momento de debilidad; Elisabetta cree que está perdida. Eboli confiesa a Elisabetta el robo del cofrecito, la falsa denuncia y la seducción por el rey. Maldice su condición femenina, y se propone salvar de la muerte a Carlo.
Parte II: En la Prisión
Don Carlo, encarcelado, está abatido y cree que sólo Posa podría salvar al pueblo de Flandes. Pero Posa intentará salvarle la vida para poder terminar la liberación, buscando desviar las sospechas del rey hacia sí mismo como instigador de la rebelión flamenca, pero morirá él mismo. Filippo quiere reconciliarse con su hijo, pero éste lo rechaza. El rey se arrepiente ahora de su debilidad ante la Inquisición. El gentío, furioso con el rey, quiere al Infante. Sólo la presencia del Gran Inquisidor pone orden en la situación.
ACTO IV
En el Claustro del Monasterio de Yuste
Cerca de la tumba de Carlos V, en una noche clara, Elisabetta espera la llegada del Infante. Le enviará a Flandes, y quedará atrás con sus recuerdos del primer encuentro. Ambos se despiden, aplazando un próximo encuentro hasta el más allá. El deber y el honor vencen al amor y así es el verdadero heroísmo. Entran el rey y el Inquisidor, que exigen un doble sacrificio: no sólo el de Posa, sino también el de Carlo. Cuando los guardias intentan apresar a Carlo, aparece el espectro de Carlos V, ahora reconocible para todos, y se lleva al infante consigo.