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Don Carlos

Giuseppe Verdi

Representaciones

Sábado 24 de Octubre de 2015 19:00h
Martes 27 de Octubre de 2015 19:00h
Viernes      30 de Octubre de 2015 19:00h
Lunes 2 de Noviembre de 2015     19:00h
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FICHA

  Don Carlos Giuseppe Gipali*  
  Elisabeth de Valois Mª Jose Siri*  
  La Princesse Eboli Daniela Barcellona  
  Rodrigue,Marquis di Posa Juan Jesus Rodríguez  
  Philippe II,Roi d'Espagne Orlin Anastassov  
  Le Grand Inquisiteur Mika Kares*  
  Thibault Ana Nebot*  
  Un Moine Ugo Rabec*  
  Un Hèraut Royal Giorgi Melazde  
  Le Comte de Lerme Eduardo Ituarte  
  Une Voix dén Haut Irantzu Bartolome  
       
    Bilbao Orkestra Sinfonikoa  
    Coro de Ópera de Bilbao  
    Malandain Ballet Biarritz*  
       
  Director musical Massimo Zanetti  
  Director de escena Giancarlo del Monaco  
  Director del coro
Boris Dujin  
       
  Producción ABAO, Teatro de la Maestranza, Ópera de Oviedo y Festival de Ópera de Tenerife  
       
  *Debuta en ABAO-OLBE    



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DOSSIER DE PRENSA

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DON CARLOS
Opéra en cinco actos, con libreto Joseph Méry y Camille Du Locle basado en Dom Karlos, Infant von Spanien, dramatisches Gedicht (1787) de Friedrich von Schiller, y Le ballet de la Reine "La pérégrina", divertissement de Marius Petipa, y con música de Giuseppe Verdi

Philippe II (bajo)
Don Carlos (tenor)
Rodrigue, marquis de Posa (barítono)
Le Grand Inquisiteur (bajo)
Un moine (bajo)
Élisabeth de Valois (soprano)
La princesse Eboli (mezzosoprano)
Thibault (soprano)
La comtesse d'Aremberg (muda)
Le comte de Lerme (tenor)
Un héraut royal (tenor)
Une voix céleste (soprano)


La acción transcurre en Francia y España, aproximadamente en 1560.



Acto I

En los bosques de Fontainebleau.
Los cazadores urgen a perseguir al ciervo que se escapa.
El infante Carlos recuerda como ha podido escapar a la ira de su padre para ver a Élisabeth de Valois, su prometida. Anochece, y la caza ha llegado a su fin. Carlos se cree perdido en el bosque, cuando oye la voz del paje Thibault que acompaña a Élisabeth.
Los dos se alarman al ver el extranjero. Carlos se identifica como familiar del embajador español; Thibault avista las luces del castillo. Élisabeth se identifica como la prometida del infante de España, y se confía a la protección del español desconocido. Cuando Carlos le da un estuche que contiene su retrato, Élisabeth se da cuenta de la situación. Una salva de cañón y fuegos de artificio anuncian la firma del tratado de paz entre Francia y España, lo que asegura también una vida felizmente unida para los dos prometidos.
Thibault, que vuelve con otros pajes, alaba a Élisabeht como futura reina de España, al lado del rey Philippe II. Élisabeth se espanta, pero su padre lo ha pactado así. Los dos enamorados prefieren morir antes que aceptar el destino que sus padres les han preparado.
Por esta razón, no pueden participar en el ambiente festivo que las familiares del embajador y del castillo expresan alegremente. Puesto que la paz definitiva depende de la libre aceptación de Élisabeth de desposarse con Philippe, se ve obligada aceptar la unión. Mientras todos se dirigen al castillo, Carlos queda atrás, desesperado.

 

Acto II

Cuadro primero
En el claustro del monasterio de San Jerónimo de Yuste, al lado de la tumba de Carlos I.
Los monjes recuerdan al fallecido emperador Carlos, abuelo del infante actual, como hombre orgulloso y necesitado de perdón divino. El nieto escucha en la penombra.
Carlos no encuentra la paz, pues no puede olvidar a su antes prometida, ahora reina de España, Élisabeth. Un monje le asegura que la paz sólo se encuentra con Dios. Carlos cree haber visto el fantasma de su abuelo, que spupuestamente deambula por este lugar, pero se ve interrumpido por la llegada de Rodrigue.
El amigo del infante intenta convencerle de ayudar a los rebeldes de Flandes. Carlos le confiesa su amor por Élisabeth, que se ha convertido formalmente en su madre. Aunque rechaza la idea, Rodrigue garantiza su lealdad a Carlos, y le sugiere olvidarse de su amor. Una campana anuncia la llegada del rey y la reina. Carlos, como también Élisabeth, flaquea al ver a la reina, pero espera encontrar una salida en una muerte heróica.

 

Cuadro segundo
En un prado delante del monasterio.
Mientras Thibault acompaña a Eboli, las damas de honor de la reina alabanzan las delicias de la naturaleza que rodea al monasterio. Cantan una balada árabe de la Granada mudéjar, acompañadas con la mandolina por Thibault.
A ellas se junta Élisabeth, pero no puede participar en su alegría. Eboli se había dado cuenta ya de que algo le oprime a la reina.
Rodrigue presenta una carta a Élisabeth, y le propone un encuentro con el infante para salvarle de sus penas. Eboli da muestras de su interés por Carlos.
Carlos se presenta a Élisabeth, y le pide una intercessión ante su padre para que pueda salir a Flandes ese mismo día. Élisabeth le concede el favor, pidiéndole tiempo hasta el día siguiente, y le explica su trato distante por su sentido del deber. Los dos se dan cuenta de que no habrá posibilidad de realizar sus sueños. Élisabeth le sugiere que sólo imitando a Orestes o Hamlet podría realizar su sueño, presentando la dura realidad como la voluntad divina.
Thibault anuncia la llegada del rey que, encontrando a la reina a solas, manda a la condesa de Aremberg que vuelva a Francia como castigo por la infracción del protocolo. La reina se despide de ella regalándole un anillo. El rey sospecha de su reina.
Philippe sospecha también de Rodrigue por haber dejado las armas, pero el noble se declara dispuesto a retomar la espada. Comenta la situación en Flandes en términos apocalípticos, pero Philippe justifica las actuaciones de sus tercios a la hora de reprimir a los rebeldes orgullosos. Sin embargo, Rodrigue reclama justicia y libertad. Después de despedirle con un aviso sobre la Inquisición, le hace volver para hablar de un asunto personal que le tortura, y quiere sincerarse con el noble que ve aflorarar nuevas posibilidades.

 

Acto III

Cuadro primero
En los jardines de la reina en Valladolid.
La fiesta organizada para conmemorar la coronación del rey cansa a la reina, y sale acompañada de Eboli para pasar la noche rezando, como lo hace también el homenajeado mismo. Esperando pasar desapercebida, Élisabeth da sus distintivos a Eboli y se marcha.
Sustituyendo a la reina por una noche, Eboli espera ganar el corazón de Carlos.
Manda a un paje que entregue una nota que acaba de escribir.

 

Cuadro segundo
Le ballet de la Reine "La pérégrina".
Las maravillas del mar, las perlas, se esconden en una gruta submarino, guardadas por las celosas ondas. Un pescador entra en ese lugar prohibido a los mortales, y las perlas se divierten con él mientras se acerca la Reina de las Aguas. Los ruegos de las perlas salvan al pescador de un severo castigo. Pero un paje con los distintivos de Philippe II hace entender que el pescador busca la más hermosa de las perlas para traerla al rey. La reina de las aguas le ofrece entonces todas sus riquezas. Pero ninguna de ellas es suficiente para ella misma: hace falta que la belleza de cada una se una con las demás para crear una concha que contiene La Peregrina, la joya de la corona española, que es la reina de España.

En una gruta subacuática están reunidos las más hermosa perlas del mar, la negra, la rosa y la blanca, que duerme en su concha abierta. Un genio llega en un relámpago; las perlas, asustadas, se esconden en sus conchas; las ondas intentan en vano ahuyentar al intruso. La perla blanca, la más hermosa, la que iguala a La Peregrina, la joya de la corona española, se despierta por el beso del genio. Su concha se convierte en una carroza que le lleva a la reina (personificada en Eboli). Todos se arrodillan.

 

Cuadro tercero
En los jardines de la reina en Valladolid.
Carlos ha recibido la nota de Eboli, y ha seguido las instrucciones de esperarla a medianoche bajo los laureles.
En la efusión de sus emociones, Carlos no reconoce a la mujer, y sólo cuando Eboli quita su máscara se da cuenta del peligro en que se encuentra ahora. La princesa declara su amor por el infante, su intención de salvarle de la ira de su progenitor y las cábalas de su amigo. Cuando Carlos rechaza su amor, Eboli se da cuenta del amor secreto de Carlos por Élisabeth.
Llega Rodrigue y aunque desmienta todo, Eboli comprende que ha leído el corazón de Carlos y que puede disponer de su destino. Carlos sabe que ha puesto en peligro también a Élisabeth, y que le será difícil demostrar su inocencia. Eboli y Rodrigue se amenazan y desafían mutuamente.
Rodrigue le pide a Carlos que le entregue toda prueba escrita que pudiera inculparle.

 

Cuadro cuarto
En la plaza ante la catedral de Valladolid.
El pueblo canta alabanzas al rey de España; los monjes conducen a la hoguera a los condenados por el Santo Oficio.
Las estamentos salen del palacio para dirigirse hacia la catedral. El heraldo real pide acceso al recinto sagrado.
Al abrirse las puertas de la catedral, sale el rey acompañado por monjes dominicos. El rey se arroga la venganza por el hierro y el fuego para defender el honor de su corona; todos responden con alabanzas. Philippe baja los escalones de la catedral y recoge a Élisabeth.
Los diputados flamencos, acompañados por el infante, se arrojan a los piés del rey y ruegan, apoyados por la reina, clemencia a su opresor. Pero el rey y los dominicos rechazan sus imploraciones. El infante reclama las provincias rebeldes para gobernarlas, pero el rey rechaza también esta propuesta. En un gesto de desafío, el infante saca su espada, y nadie se atreve a quitársela salvo el Rodrigue. Su recompensa es un grado de nobleza mayor. Las llamas de la hoguera se avivan mientras que se oye una voz del cielo que da la bienvenida a las almas de los condenados.

 

Acto IV

Cuadro primero
En el gabinete privado del rey en su palacio en Valladolid.
En su sueño, Philippe comprende que Élisabeth no le ama, ni le ha amado nunca antes.
Se sabe en peligro y piensa que no dormirá nuca más para evitar cábalas contra su reino y su matrimonio.
Se presenta el Gran Inquisidor para asesorar al rey en sus decisiones. Le despeja todas las dudas respecto a una condena a muerte de su hijo, e incrimina a su amigo. Pero el rey no quiere perder a su hombre de confianza. Sin embargo, el hombre de estado se da cuenta de que ha cedido ante la actitud inflexible del hombre de la iglesia.
Entra Élisabeth para denunciar el robo de su cofrecillo de joyas, que sorprendentmente Philippe le entrega, y que contiene un retrato de Carlos. La reina rechaza las incriminaciones del rey, y le recuerda que fue la prometida de su hijo. Ahora que se ha convertido en su madre, ruega al padre más comprensión por su hijo, pero Philippe insiste y le acusa de adulterio.
Eboli teme haber ido demasiado lejos en su afán de venganza, y espera obtener el perdón divino; Rodrigue solicita a Philippe que se gobierne mejor a si mismo, e intenta aprovechar de la situación para promover sus intenciones; Philippe maldice a las sospechas y a la mujer que las ha aumentado; Élisabeth se cree ya perdida y se recomienda a la madre de Dios.
Eboli confiesa a Élisabeth su amor por Carlos, el rechazo que ha sufrido por su parte y su acto de venganza apoyada por Philippe, y le pide perdón. Pero la reina le obliga a escoger entre entrar en un convento o exiliarse del reino.
Eboli maldice su hermosura, y se aferra a la esperanza de poder salvar a Carlos del patíbulo.

 

Cuadro segundo
En la prisión.
Rodrigue visita a Carlos, al que encuentra sumido en pensamientos profundos, y le dice que utilizará, para salvarle, los papeles que le había dejado. Dice que Flandes necesitan de Carlos, no de él. Mientras tanto bajan un dominico y un arcabucero a la prisión, y Rodrigue cae mortalmente herido por un disparo. Pero le queda aún fuerza para avisar a Carlos de que Élisabeth está informada y le esperará en el monasterio de Yuste el día siguiente.
Philippe perdona a su hijo, pero el infante rechaza este perdón y explica que Rodrigue ha muerto por él. Suena la alarma.
Después de haber ocupado el palacio, el pueblo asalta a la prisión para liberar al infante. El rey ordena que abran las puertas.
El pueblo encabezado por Eboli solicita a Carlos. Philippe desafía a cualquiera a que le mate.
Aparecen los dominicos, el Gran Inquisidor exige al pueblo respeto para el rey, los nobles apoyan a su primo inter pares, el pueblo se inclina ante el rey, y parece que así el orden social queda reestablecido.

 

Acto V

En el claustro del monasterio de San Jerónimo de Yuste, al lado de la tumba de Carlos I.
Elisabeth reflexiona ante la tumba de Carlos I. Se despide de Carlos, de Francia y Fontainebleau, de España y sus bellos jardines, y desea sólo morir.
Cuando aparece Carlos, Élisabeth le pide que ayude a los flamencos en su lucha contra Philippe, empujándole hacia el heroísmo digno de su gran alma. Carlos espera encontrar la paz con ella en otro mundo, eterno. Se despiden como madre e hijo.
Entran Philippe y los monjes inquisidores. El rey entrega el infante al Santo Oficio. Carlos retrocede hasta la tumba de su abuelo, y en este instante aparece el misterioso monje que le acoge con las mismas palabras que el día anterior. El gran inquisidor cree reconocer la voz de Carlos I. El monje, o el fantasma del emperador, se lleva al infante Carlos.