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Cavalleria Rusticana / Pagliacci

Pietro Mascagni / Ruggero Leoncavallo

Representaciones

Sábado 25 de Abril de 2015 20:00h
Martes 28 de Abril de 2015     20:00h
Viernes      1 de Mayo de 2015 20:00h
Lunes 4 de Mayo de 2015 20:00h

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FICHA

Cavalleria Rusticana

 

  Santuzza Daniela Barcellona  
  Turiddu Gregory Kunde  
  Alfio Luca Grassi  
  Lola Nuria Lorenzo  
  Mamma Lucia Annie Vavrille  
       
    Orquesta Sinfónica de Navarra  
    Coro de Ópera de Bilbao  
       
  Director musical Alessandro Vitiello*  
  Director de escena Joan Anton Rechi  
  Director del coro Boris Dujin  
       
  Producción Nueva Producción ABAO-OLBE  

 


Pagliacci

 

  Canio Gregory Kunde  
  Nedda Inva Mula  
  Tonio Luca Grassi  
  Beppe Jose Manuel Zapata  
  Silvio Manel Esteve  
       
    Orquesta Sinfónica de Navarra  
    Coro de Ópera de Bilbao  
    Kantika Korala  
       
  Director musical Alessandro Vitiello*  
  Director de escena Joan Anton Rechi  
  Director del coro Boris Dujin  
       
  Producción Nueva Producción ABAO-OLBE  
       
  *Debuta en ABAO-OLBE    

AUDIO

DOCUMENTOS

DOSSIER DE PRENSA

CAVALLERIA RUSTICANA
Melodramma en un acto,
con libreto de Guido Menasci y Giovanni Targioni-Tozzetti,
basado en la novela homónima de Giovanni Verga,
y música de Pietro Mascagni.

Santuzza (soprano)
Lola (mezzosoprano)
Turiddu (tenor)
Alfio (barítono)
Lucia (contralto)


La escena tiene lugar en un pueblo de Sicilia cerca de Francofonte, hacia finales del siglo XIX.


Acto único
Es un día de Pascua. Antes del alba, Turiddu canta una siciliana a Lola, la muchacha con la que había estado prometido antes de marchar al servicio militar, y que durante su ausencia se casó con Alfio, el carretero. Con este canto en el que elogia su belleza, el joven aldeano demuestra que no ha olvidado su antiguo amor.
Amanece, y los habitantes del pueblo salen a la plaza para celebrar el día de Pascua. Las campanas de la iglesia suenan y los campesinos se alegran de disponer de un día de reposo de las duras tareas del campo. Mientras unos vuelven a entrar en sus casas, otros entran en la iglesia. La plaza queda vacía y Santuzza, la nueva prometida de Turiddu, se dirige a casa de Lucia, la madre de Turiddu, en busca de su amado. Mamma Lucia le explica que su hijo ha ido a Francofonte, una ciudad cercana, a comprar vino para la fiesta. Santuzza se preocupa porque circula el rumor que Turiddu ha sido visto esta noche en el pueblo y que ya ha regresado aunque no se ha presentado a Santuzza. Mamma Lucia afirma preocupada que a su casa no ha vuelto, e invita a Santuzza a comprobarlo, pero ella rechaza la invitación porque se siente culpable y dice haber sido excomulgada.
En ese momento, se oye el chasquido de un látigo y el sonido de los cencerros que anuncian la llegada de Alfio, el carretero al que envidian los otros hombres del pueblo por tener un oficio que le permite viajar por toda la comarca. Alfio está contento de regresar para volver a ver a su joven esposa. Se acerca a Mamma Lucia para pedirle un poco de vino y sin ninguna mala intención y sin darse cuenta de las implicaciones que esto tiene, explica que ha visto a Turiddu cerca de su casa. Resuenan entonces los acordes del órgano de la iglesia y desde el interior se oye el canto de la antífona Regina Coeli en alabanza a la Virgen, alegrándose por la Resurrección del Señor. Los aldeanos se suman al canto entonando el Aleluya y también Santuzza los acompaña en sus cantos. Al acabar, la muchacha se decide a explicar a Mamma Lucia su drama: Turiddu, después de haber cumplido el servicio militar, se encontró con que Lola ya se había casado. Motivado por el despecho, inició su relación con Santuzza, que verdaderamente lo amaba. Lola, que se encuentra siempre sola a causa de los viajes de su marido, sintió envidia e intentó recuperar a Turiddu y ahora son amantes, con gran desesperación de Santuzza, que se había entregado completamente a Turiddu y ha perdido ahora su honor. Santuzza se siente condenada, pide a Mamma Lucia que rece por ella y rompe a llorar. Cuando se queda sola en la plaza, Santuzza ve llegar a Turiddu y siente que es el momento de aclarar la situación. Ella le pregunta dónde se encontraba esta noche y él responde que en Francofonte. Santuzza le hacer ver que esto es mentira porque ella le volvió volver por el camino y esta noche le han visto cerca de casa de Lola. Turiddu responde enfadado que se siente espiado y empieza a reprochar a Santuzza sus ataques de celos. Su conversación queda interrumpida por la aparición de Lola, que llega entonando una canción, lo cual no hace más que despertar nuevamente los celos de la pobre Santuzza que no soporta ver la coquetería con la que Lola se ha presentado ante ellos. Cuando Lola pregunta a Turiddu si ha ido a misa, Santuzza responde que es día de Pascua y que Dios lo ve todo. Lola se despide, y Turiddu y Santuzza vuelven a quedarse solos. Santuzza le reprocha que quiera abandonarla y él responde que se siente perseguido y la empuja hasta hacerla caer al suelo. El aldeano entra en la iglesia, no sin antes oír la maldición que Santuzza arroja sobre él. Santuzza ve entonces venir a Alfio y decide explicarle la traición de su esposa. Alfio piensa en vengarse y en recuperar el honor perdido antes de que acabe el día.
Al salir de la iglesia, todos se dirigen a su casa. Turiddu reprocha a Lola que tenga intención de irse sin apenas saludarle, pero ella responde que está buscando a su marido. Turiddu dice que Alfio vendrá y pide a Lola que les espere en la plaza mientras él invita a los presentes a un brindis. Después del brindis aparece Alfio, y Turiddu le ofrece una copa de vino como a los demás, pero Alfio la rechaza a la vista de todos. Lola se inquieta, y algunas aldeanas la invitan a irse con ellas. A Turiddu no le hacen falta más explicaciones, porque entiende perfectamente la actitud del carretero. Se acerca a su rival, le abraza y siguiendo la costumbre siciliana le muerde en la oreja como señal de aceptación del desafío. Antes de despedirse, Turiddu se confiesa culpable ante Alfio y se lamenta por el destino que tendrá Santuzza si él muere. Alfio se va diciendo que le espera detrás de un huerto. Turiddu se aproxima a su casa y aprovecha para despedirse de su madre, que no entiende el motivo por el cual su hijo parece ahora tan afectuoso y sentimental. Pide a su madre que rece por él y le confía el cuidado de Santuzza, a la que había prometido llevar al altar. Pocos instantes después de la despedida se hace el silencio y una voz de una mujer llega gritando: Turiddu ha sido asesinado.




PAGLIACCI
Dramma en un prólogo y dos actos,
con texto y música de Ruggero Leoncavallo.

Nedda (en la comedia, Colombina), actriz de feria, mujer de Canio (soprano)
Canio (en la comedia, Pagliaccio), jefe de la compañía (tenor)
Tonio (en la comedia, Taddeo), comediante (barítono)
Peppe (en la comedia, Arlecchino), comediante (tenor)
Silvio, campesino, (barítono)


La escena tiene lugar en Calabria, cerca de Montalto, el día de la Fiesta de la Asunción de la Virgen, entre 1865 y 1870.


Prólogo
La representación se inicia con el telón todavía bajado. Tonio, vestido de payaso, aparece en el escenario. Se presenta ante el público como el Prólogo y explica que el autor de la obra ha querido llevar una vez más a escena a los personajes de la antigua Commedia dell'Arte italiana. Esta vez, sin embargo, las tristezas y las lágrimas de los actores no serán falsas. Ahora se trata de representar un “trozo de vida”, sin ficción, porque los actores son personas de carne y hueso. Dicho esto, el Prólogo invita al público a ver espectáculo que está a punto de empezar.

Acto I
Una explanada a la entrada de un pueblo de Calabria ocupada en parte por un teatro de feria. Los campesinos celebran el regreso de la compañía de comediantes que esta noche representará su espectáculo en la localidad. Canio, su director, anuncia la representación a las once de la noche entre grandes aclamaciones de todos. Tonio, otro comediante, ayuda a Nedda, la esposa de Canio, a bajar del carromato. Unos aldeanos invitan a Canio a beber en el hostal, pero cuando uno de ellos insinúa que Tonio prefiere quedarse allí para cortejar a Nedda, Canio se toma muy en serio el comentario y muestra su celoso carácter.
Las campanas de la iglesia tocan a vísperas y todos se dispersan. Nedda se queda sola, todavía asustada por el recuerdo de las celosas palabras de su marido, pero el vuelo de unos pájaros sobre su cabeza la distrae y le evoca una libertad que ansiaría recuperar. Se da cuenta de que Tonio ha estado observándola. Él le declara su amor, pero Nedda se burla sarcásticamente de su cuerpo deforme y de su no menos deforme carácter, y cuando intenta besarla, le golpea con una fusta. Tonio retrocede y se marcha, no sin antes amenazarla con vengarse por la humillación recibida.
Aparece entonces Silvio, el amante de Nedda, y le pide una vez más que abandone a Canio. La invita a huir esta misma noche después del espectáculo. Ella se resiste y duda, pero las súplicas de Silvio acaban por convencerla porque verdaderamente lo ama. Tonio regresa y ve a Nedda junto a su amante. Se esconde para no ser descubierto por la pareja y retrocede para ir a avisar a Canio de la traición de su esposa. Justo cuando ella confirma a Silvio la cita para huir juntos, aparece Canio, que llega a escuchar estas palabras. Irrumpe violentamente en la escena, pero Silvio consigue escapar protegido por Nedda. Canio intenta atraparlo pero no lo consigue. Regresa dominado por la rabia y exige a su esposa el nombre del amante. La amenaza con un puñal y el silencio de ella desata su violencia. Afortunadamente Peppe, otro de los comediantes, consigue frenarlo, y le aconseja que se prepare para la representación mientras Tonio le dice que tendrá una nueva oportunidad de atrapar al amante. Solo, herido en su orgullo, Canio se dispone a ponerse su traje de payaso meditando sobre su destino cruel: tiene que hacer reír al público con el corazón envenenado por el dolor.

Acto II
Los aldeanos se congregan en torno al escenario. Tonio, haciendo sonar el bombo, invita a todos a acudir al espectáculo mientras Nedda, disfrazada ya de Colombina, se pasea entre los espectadores con el plato para cobrarles la entrada. Silvio se encuentra entre el público y Nedda consigue murmurarle algunas palabras recomendándole prudencia, pero él insiste en su cita para huir después de la representación.
Se levanta el telón del improvisado escenario y el público asiste a una comedia que tiene muchos puntos en común con lo que hemos visto hasta ahora. Nedda en su papel de Colombina explica que Pagliaccio, su marido, está ausente y que espera la llegada de su amante Arlecchino, que no es otro que Peppe. Arlecchino canta una dulce serenata y Nedda le invita a entrar. Pero justo en ese momento llega Taddeo, personaje que interpreta Tonio, intentando seducir a Colombina. Colombina consigue pararle los pies y el recién llegado Arlecchino le echa de la casa. Entre Arlecchino y Colombina empieza una tierna escena amorosa, que se interrumpe por la entrada de Pagliaccio (Canio) y la precipitada huida de Arlecchino saltando por la ventana no sin que antes Colombina le recuerde su cita. Canio queda consternado por la semejanza entre la situación que vive en la escena y la que hace un momento ha vivido en la realidad. Pese a todo, sigue representando su papel y pregunta a Colombina por la presencia de un hombre en la casa. Ella lo niega y le acusa de borracho. Colombina confiesa que estaba con Taddeo (Tonio). Taddeo sale del armario para proclamar con ironía la pureza de Colombina. La situación desata las risas del público. Canio no puede más y empieza a reclamar a Nedda el nombre de su amante. El payaso le recuerda su pasado, cómo la recogió huérfana y cómo gracias a él ha podido mantener una vida honorable. Los espectadores aplauden una representación tan convincente pero cuando Canio insiste violentamente sobre el nombre del amante algunos se sorprenden de lo que está ocurriendo. Nedda hace todo lo posible para seguir representando el papel de Colombina y, en un intento desesperado por recuperar la iniciativa, confiesa que su amante es Arlecchino. La ira de Canio se desata. Peppe quiere salir a escena para aplacarle pero Tonio lo retiene. Nedda, desesperada, decide no confesar para proteger a su amante, que ve la escena entre el público sin apenas tiempo para reaccionar. Canio apuñala a Nedda y ella agonizando pide el socorro de Silvio, que consigue llegar sólo para recibir la puñalada de Canio. Éste se dirige al público y solemnemente anuncia el final de la comedia.