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Der Fliegende Holländer

Richard Wagner

Representaciones

Sábado 18 de Enero de 2020 19:00h
Martes 21 de Enero de 2020 19:30h
Viernes      24 de Enero de 2020    19:30h
Lunes 27 de Enero de 2020 19:30h

Patrocina

Fundacion BBVA

FICHA

  El Holandés Bryn Terfel*  
  Senta Manuela Uhl*  
  Daland Wilhelm Schwinghammer*  
  Erik Kristian Benedikt*  
  Mary Itxaro Mentxaka  
  Timonel Francisco Vas  
       
    Bilbao Orkestra Sinfonikoa  
    Coro de Ópera de Bilbao  
    Coro EASO  
       
  Director musical Pedro Halffter  
  Director de escena Guy Montavon  
  Escenógrafo y vestuario Hank Irwin Kittel*  
  Iluminación Guy Montavon  
  Director del Coro de Ópera de Bilbao Boris Dujin  
  Director del Coro EASO Gorka Miranda Blanco  
       
  Producción Theater Erfurt  
       
  *Debuta en ABAO Bilbao Opera    



AUDIO

Mit Gewitter und Sturm aus fernem Meer. H.P. König
Mögst du, mein Kind. H.P. König
Nur eine Hoffnung soll mir bleiben. A. Dohmen
Wie Hör ich recht. H. P. König. A. Dohmen
Wohl hub auch ich voll. A. Dohmen. E. Johanson

DOCUMENTOS

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DOSSIER DE PRENSA

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Sinopsis

Tras una obertura que retrata una terrible tormenta, vemos cómo Daland logra por fin atracar su barco para protegerse de la violencia de la tempestad. Cuando baja a tierra, se da cuenta de que, en realidad, se encuentra muy cerca de su casa. Todos se retiran a descansar excepto el timonel, que canta a su amada mientras está de guardia. Se queda dormido sin darse cuenta, por tanto, de la cercana aparición del barco del Holandés Errante. Han pasado siete años desde que el marino estuvo por última vez en tierra y vuelve a tener la libertad de encontrar una mujer fiel que lo redima de su condena. Ha intentado en vano que acabaran con su vida piratas o tormentas y lo único que anhela es la salvación o la muerte.

Daland sale de su camarote y reprocha al timonel que no haya cumplido con su obligación de velar por la seguridad de la tripulación. Interroga al Holandés que, al enterarse de que la casa de Daland se encuentra cerca, le pide hospitalidad, prometiéndole pagarle generosamente con las joyas que le muestra. Cuando Daland le dice que tiene una hija, el Holandés le pide que le permita casarse con ella.

Al tiempo que sorprendido por lo repentino de esta proposición, Daland está tan impresionado por la riqueza del extraño que no duda en aceptarlo como un yerno potencial, al tiempo que el Holandés confía en que la hija de Daland pueda convertirse en la persona que logre por fin salvarlo de su condena. Empieza a soplar el viento del sur y los barcos pueden volver a echarse al mar. Los marineros se ponen a trabajar alegremente y piensan en la alegría de la vuelta a casa.

En el segundo acto, en una gran habitación en la casa de Daland, Senta está sentada, cabizbaja, apartada de las otras muchachas que están cantando mientras hilan. Ella contempla absorta, en cambio, un retrato que hay colgado en la pared. Mary, su ama, intenta distraerla, mientras las otras chicas se burlan de ella y le dicen que su pretendiente, el cazador Erik, se pondrá celoso. Senta canta entonces la balada del Holandés Errante, en la que cuenta cómo, al enfrentarse a una tormenta, el marino juró en una ocasión que lograría doblar un cabo aunque le llevara toda la eternidad. Satán se lo tomó al pie de la letra y fue condenado a vagar eternamente por los mares a menos que pudiera encontrar una mujer que le mostrara fidelidad hasta la muerte. Las muchachas repiten la plegaria de Senta para que el marinero encuentre pronto descanso y redención. Ella confía en ser esa mujer elegida para salvarlo. Erik acierta a oír su súplica de que un ángel lo conduzca pronto hasta ella.

El anuncio de la llegada del barco hace que todas las chicas se vayan corriendo a saludar a los jóvenes marineros, pero Erik detiene a Senta, que está deseando ver a su padre, y le ruega que acceda a casarse con él antes de que su padre vuelva a echarse a la mar. Cuando ella esquiva la petición, él la culpa de estar obsesionada con el retrato. Erik recuerda un sueño en el que vio a Daland regresar de un viaje acompañado por un extraño que se parecía al hombre del retrato. En su sueño, Senta abrazaba al extraño y ambos desaparecían en el mar. El único efecto que produce esta narración en Senta, sin embargo, es convencerla de que el Holandés Errante ha venido a buscarla.

El rechazado Erik se va y llega Daland con el Holandés, al que Senta reconoce con un grito, ignorando virtualmente a su padre, que se queda desconcertado ante la ausencia de recibimiento. Presenta al extraño a su hija, subrayando que carece de un hogar y que es muy rico y pidiéndole que se muestre hospitalaria con él, aunque no pasa mucho tiempo antes de que se lo ofrezca como su prometido. Senta y el Holandés no pronuncian palabra y Daland decide salir para dejarlos solos. Ambos se miran fijamente el uno al otro, sumidos en sus propios pensamientos, y los dos sienten que este es el momento que habían estado esperando. El Holandés pregunta si está de acuerdo en casarse con él y ella acepta, prometiendo serle fiel hasta la muerte. Cuando Daland regresa, se juran fidelidad en su presencia.

En el tercer acto, de nuevo en la costa rocosa al borde del mar, los marineros noruegos están cantando y bailando, mientras que en el barco del Holandés, anclado muy cerca, reina el silencio más absoluto. Las muchachas noruegas traen comida y bebida, ofreciéndoselas también a la tripulación del barco extranjero, pero no obtienen ninguna respuesta. Los marineros noruegos sugieren en broma que debe de tratarse del barco del Holandés Errante y se ponen a burlarse de la silenciosa tripulación. De repente, el barco del Holandés se convierte en el centro de una tormenta y los espectrales marineros se despiertan, ridiculizando a los noruegos cuando se refugian bajo cubierta aterrorizados.

Aparece Senta, seguida de Erik, que le reprocha haber roto la fidelidad que le profesaba, a lo que ella le contesta que nunca le había prometido casarse con él. Al oír esto, el Holandés teme que Senta sea incapaz de mostrarse fiel con él y se despide de ella, aunque le asegura que no sufrirá ninguna condena, como le ha sucedido a otras mujeres que le habían sido infieles previamente. El Holandés llama a sus marineros para que preparen el barco para zarpar y cuando Senta intenta detenerlo, él le dice quién es y cuál es su destino. Pero ella le responde que ya lo sabe y le asegura que será ella quien lo salve. Sus amigas intentan retenerla cuando el Holandés sube a su barco, pero ella consigue zafarse y se arroja al mar, declarando que se ha mostrado fiel hasta la muerte. El barco se hunde y se ve cómo las figuras espectrales del Holandés y Senta ascienden hacia el cielo desde la cubierta del barco, abrazadas y transfiguradas.