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UD se encuentra en > Ópera > Semiramide

Semiramide

Gioachino Rossini

Representaciones

Sábado 16 de Febrero de 2019 19:30h
Martes 19 de Febrero de 2019 19:30h
Viernes      22 de Febrero de 2019    19:30h
Lunes 25 de Febrero de 2019 19:30h

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FICHA

  Semiramide Angela Meade  
  Arsace Daniela Barcellona  
  Assur Simón Orfila  
  Idreno José Luis Sola  
  Oroe Richard Wiegold  
  Azema Itziar de Unda  
  Mitrane Josep Fadó  
  Fantasma de Nino David Sánchez  
       
    Bilbao Orkestra Sinfonikoa  
    Coro de Ópera de Bilbao  
       
  Director musical Alessandro Vitiello  
  Director de escena Luca Ronconi* (†)  
  Director de escena de la reposición Marina Bianchi  
  Escenógrafo Tiziano Santi  
  Iluminación A.J. Weissbard*  
  Vestuario Emanuel Ungaro*  
  Director del coro Boris Dujin  
       
  Producción Teatro di San Carlo di Napoli  
       
  *Debuta en ABAO-OLBE    



AUDIO

Obertura
Ecomi al fine in Babilonia. Gloria Scalchi
Bel Raggio lusinger. Denia Gavazzeni Mazzola

DOCUMENTOS

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Sinopsis argumental
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Semiramide un coloquio con fuentes oscuras
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Libreto
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La perfeccion de la ultima opera seria de Rossini
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Discografia y videografia

DOSSIER DE PRENSA

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SEMIRAMIDE

 

 

Localización: ciudad mesopotámica de Babilonia, hacia el año 800 a. C.

 

 

ACTO I

Frente al gran templo de Baal, adornado para una celebración en su honor, se encuentran sacerdotes y ministros. El sumo sacerdote Oroe vuelve en sí después de haber recibido en estado de trance una amenazadora revelación del dios. Se abren las puertas del templo y entran los nobles, los sátrapas, los magos y el pueblo con incienso y otras ofrendas. Entre ellos llega Idreno, príncipe de la India, y reza a Baal para conseguir sus deseos amorosos. También el príncipe Assur, antiguo amante de la reina Semiramide, manifiesta su ambición de que ese día ella escoja al sucesor del trono y sea él el elegido. Al escuchar esta confesión, tanto Oroe como Idreno muestran su rechazo y su miedo.

 

Se anuncia la llegada de Semiramide, que aparece acompañada por su hija Azema y por Mitrane, jefe de la guardia real, además de por una corte de princesas, damas y esclavas con presentes para el dios. A pesar del recibimiento que se le dispensa, la reina se siente inquieta. Assur le exige que jure ante el altar que ese día elegirá al sucesor de su difunto esposo, el rey Nino. Semiramide tiene un instante de zozobra que se ve corroborado por un relámpago y un trueno que apagan el fuego sagrado que arde en el altar. Todos los presentes lo ven como un mal presagio y se llenan de terror. Oroe asegura que aún quedan culpas terribles que saldar y que está cercano el momento de la venganza. Ante un nuevo requerimiento de Assur a la reina, Oroe asegura que el sucesor será designado en cuanto llegue de Menfis el oráculo sagrado, cuya revelación se espera. Semiramide convoca a los príncipes en su palacio, pide que se le envíe al mensajero con el oráculo en cuanto llegue y abandona el templo. Oroe dice temer por el destino de la reina.

 

Se presenta Arsace, general del ejército babilonio, que regresa a la ciudad para solicitar la mano de Azema, de la que se enamoró el día que pudo rescatarla de manos de los bárbaros. Arsace se acompaña de un obsequio para el dios contenido en un arca: varios recuerdos del rey Nino, como la corona real y su espada, además de una carta que escribió antes de su muerte, que son recibidos por Oroe con profunda emoción. El sumo sacerdote hace referencia a que el rey fue envenenado a traición, lo que todavía es un secreto, pero se retira cuando aparece Assur, al que califica de monstruo frente a Arsace, sin que lo escuche el príncipe. Assur también desea la mano de Azema y los dos pretendientes, al ponerse al tanto de sus respectivas ambiciones, se dirigen duras palabras de amenaza. Assur desprecia a Arsace porque lo cree escita.

 

En el interior del palacio real, Azema expresa su gran alegría por la llegada de Arsace. Idreno se le acerca para solicitarla asimismo en matrimonio y le transmite su esperanza después de que Azema le confiesa su rechazo por Assur.

 

Bajo los jardines colgantes, grupos de jóvenes muchachas tratan de alegrar a la reina. Esta siente que su alma renace por la llegada de Arsace, de quien también está enamorada. Entra Mitrane con el papiro del oráculo de Menfis. Este parece dar la razón a sus deseos, pues en él se dice que la reina olvidará sus penas y hallará la paz, y que se casará cuando vuelva Arsace. Semiramide lo espera precisamente en ese momento y despide a Mitrane. Arsace hace partícipe a la reina del vivo amor que siente, pero un equívoco causado por sus declaraciones de fidelidad a esta hace creer a Semiramide que el militar corresponde a su pasión. Oroe y Assur se encuentran, y el primero hace recordar al príncipe la noche en que murió Nino. Assur amenaza a todo aquel que compita con él por el trono. Oroe, ya solo, pronostica que un dios está ya preparando la venganza contra Assur.

 

Entra en el salón del trono Semiramide con todo su cortejo. El pueblo asiste también a la escena, que tiene lugar a la vista del mausoleo del rey Nino. La reina pide a todos el juramento de su fidelidad a quien ella elija por rey, y anuncia que la persona designada se convertirá en su esposo. A continuación pronuncia el nombre de Arsace como el elegido. Las diferentes reacciones no se hacen esperar: la ira de Assur, la consternación de Arsace y Azema, el horror de Oroe. Idreno aprovecha para pedir a Azema en matrimonio, lo que la reina le concede. En ese momento, un trueno estalla bajo tierra y salta un rayo. Aterrados, ven todos cómo se abre la tumba de Nino y sale de ella el fantasma del rey. Este anuncia que Arsace reinará, pero le pone la misteriosa condición de que tendrá que descender a su tumba y ofrecerle una víctima, al tiempo que deberá oír a Oroe, pensar en su padre y servir a su hijo Ninia. Arsace se compromete a obedecerlo, pero ignora quién debe ser la víctima. Semiramide inicia unas palabras de arrepentimiento, pero el fantasma la interrumpe y regresa a la tumba. Todos elevan su voz espantados por el siniestro prodigio.

 

 

ACTO II

Semiramide y el jefe de su guardia Mitrane hablan del furor de Assur, que se presenta ante la reina, a la que reprocha su maltrato. Mutuamente se acusan de haber envenenado a Nino, pues Assur ejecutó el asesinato, pero Semiramide preparó la copa envenenada. La reina se lamenta de la muerte de su hijo Ninia, a quien hubiera cedido gustosa el trono.

 

En el santuario del templo, los sacerdotes rezan a Baal. Entra en él Oroe seguido de Arsace, a quien advierte de la terrible confesión que va a escuchar. Pide a los sacerdotes la corona, la espada y la carta de Nino, y coloca la corona sobre la cabeza de Arsace. Este rechaza el nombramiento, pues ha jurado fidelidad a Ninia, cuyo regreso espera. Oroe le revela que él, Arsace, es Ninia y que, por lo tanto, Nino era su padre y Semiramide es su madre, lo que desconcierta a Arsace. Oroe le da a leer la carta de Nino, en la que acusa del envenenamiento a su esposa y a Assur. Arsace se abraza angustiado a Oroe, pero este le entrega la espada y le exige venganza.

 

Mitrane trata de consolar a Azema delante de Idreno, al que ella se ofrece en matrimonio con resignación, mientras el príncipe le manifiesta apasionadamente su amor. Por otra parte, ante los requerimientos de Semiramide, Arsace, tocado con la corona, hace referencia al asesinato de Nino y entrega su carta a la reina. Esta, llena de horror al leerla, pide a su hijo que le de muerte, pero él se niega y acaba en sus brazos. Luego marcha para cumplir su venganza contra Assur, aunque anuncia que pedirá perdón para ella.

 

Los sátrapas ponen en conocimiento de Assur el fracaso de su conspiración, pues el sumo sacerdote ha predispuesto contra él al pueblo y al ejército. Assur decide ir solo a la tumba de Nino para acabar con Arsace, pero lo detiene una visión espantosa que le hace delirar presa del pánico. Recuperados el sentido y el valor, se dirige a la tumba.

 

Entran los sacerdotes en la tumba de Nino, algunos de ellos armados, y se esconden en ella. Llegan Oroe y Arsace. Aparece asimismo Assur, que se aposta en las sombras, y finalmente se presenta Semiramide, que se dirige a su esposo muerto para pedir su perdón. Oroe exige a Arsace la muerte de Assur llamándole Ninia, lo que produce la sorpresa y el desconcierto de Assur. Mientras Arsace trata de herirlo, Semiramide se interpone y recibe ella el golpe de espada. Assur es detenido y Arsace, espantado por el asesinato de su madre, quiere matarse a su vez. Oroe se lo impide, y todos los presentes le ruegan que se sobreponga al dolor y reine en Mesopotamia.